Que no se le vayan las luces esta Navidad
Natiuska Traña [email protected] | Viernes 20 diciembre, 2019

Empecemos con rompope la columna y no con café.
Estamos en esta época del año reflexiva, donde nos da por hacer un recuento de qué tanto hicimos o dejamos de hacer en el año. Sin embargo, hace algunos días comentaba con amigos que hace no mucho esta época era la que más disfrutaba del año y que siento que a muchos se les ha ido el espíritu. Pareciera que después de cierta edad cambiaron el “chip”; y ser adulto equivale a sentirse orgulloso de que ya no le gusten las cosas que antes le gustaban mucho, como la Navidad.
Entre comentarios de “qué se pase rápido”, “qué época más incómoda”, yo estoy llena de decoraciones navideñas, haciendo queques, galletas y sacando los recuerdos que me dejó mi abuelita y convirtiéndome en la chiquita que pensaba que el niño Dios y Santa Claus le dejaban regalos a la media noche.
Tampoco voy a decir que todas las navidades son perfectas, a veces hay unas mejores que otras, unas más solitarias o más emotivas, unas navidades donde ya no nos acompañan personas que antes sí. Probablemente lo más perturbador de estas fiestas y en general del fin de año es que nos hace replantearnos lo que hicimos, qué vamos a hacer y nos hace caer en cuenta, como los cumpleaños, que el tiempo pasa, que algunos de los propósitos del año quedaron sin cumplir y otra vez debemos definir que vamos a hacer con nuestro tiempo.
La cosa es sencilla, no hay que ser Ebenezer Scrooge ni el Grinch para caer en estos sentimientos, usted decide como vive esta época del año, no obstante, es un momento para descansar y pasar tiempo con sus seres queridos y principalmente es cuando se llena la atmósfera de actos bondadosos que no vemos todo el tiempo, una excusa para que comparta con los menos afortunados.
La Navidad permite que salga esa humanidad que tenemos tan olvidada, permite que se le ablande el corazón, que suelte sus emociones (ya saben no hay emociones buenas ni malas), hay que darse la oportunidad de volver a ser niño, de volver a ver el mundo con esos ojos de esperanza, donde le da valor a los pequeños detalles que hacen que los momentos valgan.
¡Enciéndase! Agradezca todo lo que tiene hoy, siéntase el ser amoroso, generoso, comprensivo, vulnerable y desprendido que la sociedad y la rutina nos hace tener apagado la mayoría del tiempo. Recuerde a quienes le han iluminado la vida, a esas manos amigas, consejos oportunos y cambie las quejas por gratitud. ¡Feliz Navidad!
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