Actuar en consecuencia
Luis Mastroeni [email protected] | Viernes 04 abril, 2025

En muchas ocasiones me he topado con publicaciones de creadores de contenido, actores, millonarios o líderes de opinión que me generan una grata impresión pues están dejando de comprar plástico de un solo uso, reciclan o tratan de manera extraordinaria a sus colaboradores.
Poco tiempo después, me decepciono. Esa persona que dice que ya no usa plástico llega a tomar su avión privado para transportarse solo de un lugar a otro. Luego, me decepciono un poco más, cuando en pequeña o gran escala, todos padecemos de lo mismo.
Ese es el mensaje que hay que cuidar y el hábito en el que hay que trabajar. Ser consecuentes genuinamente y practicar lo que pensamos, es probablemente, lo más complejo de un comportamiento empresarial responsable y consciente de los impactos que genera en los ambientes en los que opera.
Toda buena práctica suma, eso es cierto; pero entre más grande es el impacto, mayor debería ser el sacrificio. Cambiar de hábitos, salir de la comodidad, modificar patrones de conducta no es, para nada, sencillo. Pero si no cambiamos esos hábitos o formas de ser, ¿cómo se supone que superemos los retos que como humanidad tenemos de frente a los desafíos de un futuro que se complica?
Leyendo a Andreu Escrivá (se los recomiendo) y sus textos tan severos en lo que se refiere a prácticas de negocios sostenibles, ese es el sabor que me queda. Parece que no es suficiente con la gestión de economía circular, si no estamos seguros de que la circularidad se cumple en toda la cadena de valor.
Parece que los discursos empresariales no se sostienen si, por un lado, se habla de la importancia de tener vehículos eléctricos y, por otro, en la empresa no existe ni una sola política para que los carros de los ejecutivos sean eléctricos o, al menos, híbridos.
Pero no todo es negativo. Esto nos debe llevar a tener prácticas ejemplificantes que, al menos, pongan a pensar a los demás. El poder que tienen los creadores de contenido, artistas o millonarios conocidos es enorme y podrían variar un poco su mensaje, si logran ser consecuentes con la medida de su impacto.
Lo ideal sería que el presidente de la Junta Directiva de un Banco que habla de sostenibilidad ande en un vehículo eléctrico o, es más, tome el metro o el autobús si es posible en el país en el que vive.
Con esta forma consecuente de actuar no me refiero a cambiarlo todo súbitamente, me refiero a dar un mensaje contundente: creo en lo que digo y lo practico. Y esta forma de ser, más allá de solo hablar, puede darle al discurso una mayor credibilidad y con eso, más y más personas lo van a hacer. Eso sí que puede cambiar las cosas.
La gestión de negocios responsable empieza por una gestión responsable de nuestros impactos como personas. El cambio es complejo, es tan duro como cambiar los hábitos que nos han acompañado por mucho tiempo, pero que sabemos que nos hacen daño.
Pero si no es así, será muy difícil alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible, que como humanidad nos hemos planteado. Si no hay un cambio profundo, no esperemos un mejor lugar que ofrecerles a las generaciones que están por venir.
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